Son casi las nueve de la mañana en la comunidad de Tepanzacoalco, asentada en la región Sierra Juárez. Sara Manzano, junto con otras mujeres, camina por los senderos del bosque de niebla y la selva alta zapoteca.
En la faena cotidiana participan mujeres de todos los rangos de edad, que se encargan de sembrar, cosechar, limpiar y comercializar el grano. En el grupo van madres solas debido a que sus parejas emigraron a Estados Unidos.
Ellas, cultivan, pizcan e incluso, venden el grano, a la par con el cuidado de los hijos y tareas del hogar. Tienen la responsabilidad de las actividades domésticas, agropecuarias y artesanales, en el sustento de la economía familiar y comunitaria”, comentó Sara.
Tras la cosecha anual habrán de lavar el grano a cubetadas (necesitan agua entubada) y liberarlo de la cáscara, antes de ponerlo a secar. Es común observarlas cargando costales -de unos 30 kilos- extenderlo al sol en el traspatio de la vivienda, cuidarlo de la lluvia inesperada, propia de esta zona húmeda.

